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La carrera por obtener el sonido más claro y limpio posible tocó techo con el disco compacto. O eso nos contaban en 1982, cuando Sony y Philips lanzaron el CD. Luego llegarían el Super Audio CD, el DVD-Audio y el BD-Audio, dando muestra de que ni los audiófilos se conformarán jamás con lo que tienen ni la industria cesará en su intento por saciar sus demandas.

Ahora, con la introducción de las conexiones de banda ancha y el aumento de capacidad de los dispositivos móviles, la última tendencia en la industria musical pasa por dejar atrás el MP3 para abrazar la claridad cristalina del High Resolution Audio. ¿Pero, qué es exactamente eso?

Es un término, no una especificación

Técnicamente, el audio en alta resolución no es una especificación concreta, como el formato de imagen 4K o la variedad de tecnologías HDR aplicadas a la imagen. Simplemente se trata de un término de marketing con el que se intenta describir aquellos contenidos disponibles con una mayor calidad acústica que la tradicionalmente asociada al disco compacto.

Esto significa que el audio en alta resolución ofrece un muestreo superior a los 44,1 kHz y una cuantificación lineal de más de 16 bits. Generalmente (aunque no siempre) estamos hablando de archivos disponibles a 96/192 kHz y 24 bits.

La noción básica es que los límites de la antigua calidad del CD estaban impuestos por las restricciones técnicas de la época y que los actuales dispositivos de reproducción pueden proporcionar una calidad de audio mucho más aproximada a una grabación analógica original. Pero ay, amigos, si todo fuera tan fácil como tener el archivo adecuado y dar al play

Formatos y disponibilidad en streaming

El superior muestreo y detalle de los archivos de audio en alta resolución redundan en un mayor tamaño. Por este motivo es necesario comprimirlos de alguna forma que no afecte negativamente a su calidad como sí sucede con el formato MP3, que es muy bueno a la hora de crear archivos pequeños, pero introduce una merma importante en términos sonoros.

Entre la larga lista de formatos disponibles podemos destacar los más populares: FLAC y ALAC, siendo el primero de ellos de código abierto. Ambos reducen el tamaño de los archivos mediante sus propias técnicas de compresión sin pérdida (para legos: trata de pensar en un archivo ZIP antes que en un JPEG).

Actualmente, hay un buen puñado de tiendas especializadas en la venta y descarga de contenidos de audio en alta resolución, que abarcan desde música clásica a iconos como David Bowie pasando por glorias añejas de la talla de Eurythmics. HDTracksiTrax y ProStudioMasters son algunas de ellas.

A estos formatos clásicos, los habituales cuando descargamos música de alta calidad desde una tienda online, debemos añadir el todavía menos conocido MQA. Del inglés Master Quality Authenticated, esta tecnología ha sido pensada para brindar audio de alta resolución en streaming superando ampliamente la calidad de Spotify.

Ahora bien, MQA requiere del uso de dispositivos compatibles para brindar lo que sus creadores expresan como música con auténtica calidad de máster de estudio. Y no está disponible de forma universal. Los servicios de streaming Tidal y el recién llegado Qobuz (que también tiene tienda de descargas) son los únicos que lo ofrecen en España, aunque en el futuro esto podría cambiar.

MQA o no, debemos señalar que no todos los equipos multimedia son capaces de reproducir archivos de audio en alta resolución con total acierto. Para ello es necesario software adecuado, tal es el caso de PowerAmp si hablamos de dispositivos Android.

El DAC: donde comienza todo

En la línea de gestación del audio, podría decirse que el origen de todo sonido que llega a nuestros oídos parte en el DAC (Digital-to-Analog Converter). Como bien indican las siglas en inglés, esta es la parte del dispositivo encargada de convertir los ceros y unos de un archivo de música digital en una señal analógica para su transformación en sonido.

Si bien los DAC habían sido tradicionalmente ignorados por la industria a nivel de consumo, la proliferación de los teléfonos móviles como reproductores musicales hizo ver que algo no estaba a la altura. Sus DAC no habían sido diseñados para trabajar con música a alta calidad, e incluso los archivos a 44 kHz/16 bits dejaban algo que desear.

Muchos de los últimos smartphones lanzados durante los últimos dos años traen ya DAC de alta calidad capaces de trabajar con archivos a 48 kHz/24 bits (ahí tenemos a LG introduciendo un DAC cuádruple en el V30), e incluso algunos modelos de gama intermedia proporcionan un sonido sorprendentemente bueno.

La irrupción de las marcas chinas, que siempre han priorizado este tipo de prestaciones, ha servido para espolear al resto de la industria. También lo ha sido la popularización de los reproductores especializados, con firmas coreanas como Cowon a la cabeza. Estos aparatos llevan la esencia del clásico MP3 portátil a un nuevo nivel con componentes de primera línea y unos precios que fácilmente pueden moverse entre los 100 y los 1.000 euros.

Ahora bien, el DAC es solo parte de un puzle más complejo. Y así como ciertas teorías dicen que a mayor número de DAC mejor calidad, lo cierto es que el diseño y la implementación de dicho DAC en el conjunto tienen mucha más importancia a la hora de cuantificar factores como el ruido y la distorsión.

El amplificador: ni se te ocurra escatimar

El amplificador es un componente que posiblemente tiene aún más importancia todavía que el propio DAC. Este elemento toma la señal analógica del DAC y la amplifica para que podamos oírla. Ahora bien, esto es algo más fácil de decir que hacer. Un buen amplificador consume mucha energía (malo si usas un teléfono móvil) y, como el DAC, también debe estar diseñado adecuadamente.

Salvo que nos vayamos a teléfonos de gama alta con un audio muy mimado o sistemas domésticos/especializados, generalmente nos encontraremos con que un reproductor barato tendrá problemas a la hora de dar vida a unos auriculares de alta impedancia. Por este motivo, es necesario un ‘amplificador con chicha’.

Viendo que el público está cada vez más interesado en disfrutar de la música de sus teléfonos más que en simplemente escucharla, varios fabricantes comercializan combinaciones de DAC + amplificador para móviles. Estos dispositivos externos se conectan generalmente al puerto USB y suelen incorporar su propia batería para evitar problemas de alimentación. Su precio suele oscilar entre los 30 y los 300 euros. También hay modelos de sobremesa con prestaciones superiores.

Los aficionados a este tipo de dispositivos te dirán que el resultado es un sonido más natural y amplio, menos enlatado. Pero lo que es igual de importante: te permitirán aprovechar realmente unos auriculares que posiblemente estés desaprovechando con el amplificador de tu móvil. Incluso si tu DAC es normalito, un buen ampli puede marcar una diferencia increíble en tu música.

Resumiendo: si quieres disfrutar de lo mejor del audio en alta resolución tienes varias opciones. Puedes inclinarte por uno de esos maravillosos reproductores que te lo dan todo masticadito (aunque cuestan un dinero considerable), ir a por un equipo doméstico (muchas opciones, precio elevado) o echar un vistazo a las numerosas alternativas en el mercado móvil.

Para muchas personas lo más cómodo resulta comprar un teléfono ya preparado para reproducir contenidos en alta resolución, pero también puedes ir a por un dispositivo más económico y añadirle por tu parte una combinación DAC + amplificador, que siempre te va a dar una calidad estupenda. Escojas lo que escojas, no te olvides de utilizar unos auriculares o altavoces en condiciones; no hay especificaciones mínimas, pero poco harás si pinchas los auriculares de Renfe en tu Fiio de 500 euros…

Si usas un PC, la buena noticia es que virtualmente todos los DAC incluidos están a la altura. No obstante, atendiendo a tus auriculares (y al ruido que puedan introducir elementos como la fuente de alimentación) tal vez quieras usar un amplificador con DAC externo.

La calidad de las fuentes: les prestamos muy poca atención

Por último, debemos hablar de la calidad del sonido de alta resolución. Decíamos antes que la idea de estos es brindar una mayor fidelidad al contenido original mediante el uso de muestreos más elevados y el hardware necesario para interpretarlos correctamente. Ahora, ¿qué se supone que es eso?

Dependiendo del audiófilo con el que estés hablando, los habrá que asegurarán que lo más importante es la fidelidad clínica de una onda reconstruida a la original analógica, su aproximación técnica más absoluta. Sin embargo, otra facción va más allá y habla de términos más difíciles de conceptualizar, como la naturalidad del sonido y el efecto audible o no de los ultrasonidos.

Hablando precisamente de la naturalidad, nos enfrentamos con un dilema como el del huevo y la gallina. ¿Es posible obtener una gran calidad acústica a partir de un archivo máster? Bien, todo dependerá de cómo se grabó dicho máster. Y es que, desde hace unos años, la guerra del volumen está haciendo estragos con másters de calidad lamentable y remásters supuestamente ‘pulidos’ que suenan peor que los originales.

Así las cosas, el audio en alta resolución proporciona las guías técnicas para que podamos disfrutar de la mejor calidad acústica posible, pero todo dependerá de si cada uno de los eslabones que forman la cadena (DAC, amplificador, fuentes, auriculares…) está a la altura.

Pero entonces… ¿es todo humo?

La capacidad del oído humano para apreciar la claridad de los archivos de audio de alta resolución es tema de controversia desde que la industria decidió apoyar esta etiqueta para promocionar sus equipos más sofisticados. Estudios técnicos señalan que el oído humano es capaz de diferenciar una muestra a 44,1 kHz de otra a 88,2 kHz, lo que debería decirnos que no es solo una cuestión de marketing puro y duro.

Por otro lado, la capacidad auditiva del ser humano varía de forma importante con los años, perdiendo la capacidad para apreciar ciertas frecuencias. Y aunque hay quien afirma que los ultrasonidos tienen un efecto audible en una pista de música, otros estudios sugieren que los sujetos de prueba responden al azar en los cuestionarios. No son capaces de encontrar diferencias entre un archivo con calidad CD y otro teóricamente superior.

Más aún, Xyph.org, la fundación responsable del formato FLAC, señala sin titubeos que un muestro excesivo (como 192 kHz) hasta puede ser negativo al introducir problemas de distorsión al pasar por el amplificador o los altavoces. Y podríamos pensar que algo sabrán del tema.

Lo realmente importante del audio en alta resolución es que está contribuyendo a mejorar (y mucho) la calidad de los reproductores. Cada vez más fabricantes se animan a ofrecer teléfonos con múltiples DAC y amplificadores con músculo para mover auriculares de alta gama.

Al mismo tiempo, los proveedores de contenidos también se han visto forzados a ofrecer música con mucha mayor calidadSpotify trabaja en un servicio con el que competir con Tidal y Qobuz, que ya ofrecen streaming en alta resolución. Esto, a su vez, estimulará el lanzamiento de conexiones más generosas, como la oferta 300 MB + 3 GB de Tuenti, que permitan disfrutar de todo tipo de contenidos multimedia online.

Por todos estos motivos, el audio en alta resolución está siendo una pequeña revolución para los amantes de la música. Tal vez no tanto por las supuestas ventajas de ir más allá del CD, sino por el hecho de que las compañías han tenido que subir el listón para refrendar en cierto modo las expectativas creadas.

¿Hará todo esto que “St. Anger” deje de sonar como cuatro gatos rabiosos y en celo maullando en una lata de sardinas? Pues no. Pero ahí las explicaciones se las tienes que pedir a James Hetfield y compañía, no a tus auriculares…

Imágenes | Luis LuChengTechnicsWikipedia